Versos solidarios

A los dos les invadió la solidaridad al descubrir en la angustia del compañero el propio miedo, cuando los señalaba, sin piedad, el dedo negro del terror. Los dos cayeron en la nostalgia cuando, echados en el suelo, probaron su sabor, el amargor de un último café, y cuando la impresión del hierro en la piel los transportó a su primer beso. La suerte los había conducido a un agujero sin salida, a un rincón sin esperanza. “Podría haber sido otra vida, no la mía”, maldijeron. Pero en la resignación hallaron ambos su templanza. Ante el instante final nació una compasión mutua, permitida, una vez, por la común conducta del egoísmo distante, y les fue revelada su identidad. Se amaron como hermanos, porque eran iguales, en verdad. Y, por todo ello, ambos pensaron al llegar la hora crucial: “Si alguno hoy se ha de salvar, espero que ése sea yo”. Y, por todo ello, es obvio que ninguno se salvó.

Anuncios
Versos solidarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s